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Perritos antiexplosivos, los héroes silenciosos en medio del paro armado en Colombia
En medio del paro armado que afecta a distintas regiones de Colombia, una imagen circuló con fuerza en redes sociales y medios de comunicación: un perrito antiexplosivos, firme y atento, frente a un cilindro bomba abandonado en una carretera. La escena, silenciosa y contundente, estremeció al país.
No entiende de ideologías, banderas ni conflictos armados. No conoce las razones de la guerra, pero la enfrenta todos los días. Su labor es detectar el peligro antes de que otros lo hagan, incluso cuando eso implica arriesgar su propia vida.
Un trabajo invisible, pero vital
Los perros antiexplosivos hacen parte fundamental de las labores de seguridad en zonas afectadas por el conflicto. Gracias a su entrenamiento y a su capacidad olfativa, han salvado incontables vidas al detectar artefactos explosivos, minas y cilindros bomba en carreteras, cascos urbanos y áreas rurales.
Su presencia permite que civiles, transportadores y miembros de la Fuerza Pública puedan transitar con mayor seguridad y regresar a casa con vida. Sin embargo, su sacrificio suele pasar desapercibido.
También sienten miedo
Aunque entrenados para situaciones extremas, estos animales no son ajenos al temor ni al estrés. Enfrentan ambientes hostiles, sonidos fuertes y escenarios de alto riesgo sin comprender por completo el peligro que los rodea. Aun así, permanecen firmes junto a sus guías, cumpliendo una labor que pocos podrían asumir.
La imagen del perro frente al cilindro bomba no solo representa valentía, sino también la vulnerabilidad de seres que no eligieron estar en medio de la guerra.
Cuidado, respeto y gratitud
El papel de los perros antiexplosivos abre un debate necesario sobre el cuidado, la protección y el reconocimiento que merecen. Expertos y defensores de los derechos de los animales han insistido en la importancia de garantizar condiciones dignas, atención veterinaria permanente y un retiro adecuado tras años de servicio.
Ellos también protegen a Colombia. También merecen respeto, gratitud y una reflexión colectiva sobre el impacto del conflicto armado en todas las formas de vida.
